• Fito Soler

A vivir Tlacotalpan, no solo en sus fiestas de la Candelaria, sino todo el año


Fotos Héctor Montes de Oca

Sin lugar a equivocarse una de las Ferias Tradicionales más importantes de México; es, sin la menor duda la que ofrece Tlacotalpan, nombraba Patrimonio Cultural de la Humanidad que desde hace más de dos siglos se celebra en honor a la Virgen de la Candelaria, del 31 de este mes al 9 de febrero.

Tengo años, pero años de no perderme esta fiesta que llena de orgullo a todos los tlacotalpeños que te contagian de esa magia que poseen como lo es su excelente amabilidad, buen y chispeante humor. Oír a los jaraneros interpretando los sones del sotavento y mueves tus pies de un lado a otro, mientras que ellos; sobre la tarima demuestra el arte de zapatear que te deja asombrado al ver a niños y adultos con que gusto y hasta cierto punto presunción lo realizan.

En Tlacotalpan se vive la verdadera esencia de los jarochos, que derrocha ingenio desde que amanece hasta que anochece. No ponen resistencia, cuando algún turista se acerca a ellos y entablan conversación, como si ya se conocieran de toda la vida. Confianza que ninguna; leyó bien, ninguna otra población veracruzana te bridan.

Para ellos los 365 días son de bulla y pachangas, pero la más importante es la que se avecina, como se anotó líneas arriba en honor a la Santísima Virgen de la Candelaria que año con año atrae a cientos de visitantes para admirar la famosa Cabalgata el día 31 del presente, donde los mujeres portan el auténtico vestido de jarocha y los hombre vestido de guayabera, paliacate y sombrero de “cuatro pedradas”. Llega el Día Primero y comienza el Embalse de Toros, digno espectáculo de ver, participar, pero sobre todo cuidar a los astados. Tenerles respeto.

El Día 2, la procesión de la Santísima Virgen por todo las principales calles de la ciudad y llegar hasta el Río de las Mariposas donde aborda una embarcación para recorrer sus aguas entre cantos, mariachis y gritos de “viva la Virgen” y por supuesto bendecir las aguas del río y a sus habitantes.

Caminar por las calles tlacotalpeñas y ver sus lujosas y coloridas casonas, te admira y más cuando te acercas y contemplas detenidamente sus lujos y antiguos muebles.

El ambiente sigue todas las noches en los Portalitos y en abundancia los “toritos” de cacahuate, guanabana y jobo. Si usted es buen comelón la gastronomía no la pierda de vista y a degustar sus ricos guisos y por supuesto los dulces de almendra e infinidad de sabores.

iAh! No se olvide de mercar un recuerdito, trabajado minuciosamente por artesanos tlacotalpeños.


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