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Catemaco, regalo de la naturaleza, también con su Primer Viernes de Marzo


Fito Soler

Para donde quiera que voltees en Catemaco, te llevas una sorpresa desde que se te acercan los motociclistas que deambulan por sus calles y a fuerza te quieren llevar a donde un brujo para que te haga una limpia; una señora que pasa con una canasta vendiendo dulces de leche y gaznates, hasta subirte a una “lanchita y perderte en la Laguna, su principal atractivo turístico.

Es hermosa. No hay duda y poco a poco al irte adentrando en sus aguas vas descubriendo pequeñas islas, algunas repletas de garzas, otras de una vegetación exuberante y otras con los famosos “monos” que es la que más llama la atención.

En el centro de la población sobresale la basílica donde se venera a la Virgen del Carmen, patrona del lugar, y cuya fiesta se celebra el 16 de julio con la asistencia de miles de visitantes, sobre todo del Istmo de Tehuanpetec.

Catemaco es un paraíso donde seguramente Adán y Eva volverían a pecar.

Hay un malecón con restaurantes que te ofrecen una de las mejores gastronomía de todo Veracruz, sólo lea este menú que le proporciono: mojarra en chile y limón para aquellos cuya resaca de la noche anterior se quieren curar, mojarras en tachogovi bañadas en una salsa picosa de tomate criollo, por supuesto el “caldo de calador”, los topotes fritos o también en chile y limón.

Pero la cosa no acaba ahí, pues para chuparse los dedos están la famosa carne de chango, lomo de cerdo ahumado con hojas de guayaba, los frijoles refritos con manteca, las deliciosas “peñiscadas” –tortillas de maza– con asiento de chicharrón y, por supuesto, los famosos tegogolos –un caracol cocido en limón y preparado con salsa de “pico de gallo”–, que según afirman los lugareños es afrodisiaco.

Estos manjares dignos de los más exigentes paladares se saborean hasta en el mercadito de la localidad, con la misma sazón de antaño.

Mmm… todo esto acompañado por una cervecita para hacerte más grato el momento.

No se puede estar en este estupendo sitio, sin “echarse un brinquito” a Nanciyaga, bellísima reserva ecológica donde confluye la selva tropical con su incalculable diversidad en flora y fauna, el lago y las aguas minerales que otorgan la vida y movimiento al entorno, da la posibilidad al visitante de que, en armonía con lo natural, regrese a su origen.

Resguardando el entorno y favoreciéndolo con el ecoturismo sustentable, Nanciyaga ofrece al turista una alternativa diferente de descanso, que va desde una visita guiada por el lugar, hasta la práctica de ciertas tradiciones prehispánicas como el baño de temazcal.

No lo piense más y el próximo fin de semana dese el lujo de visitar Catemaco.


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