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Estatuas de las cuatro virtudes en el centro histórico de Xalapa

15/02/2017

 

 

 

En la parte situada al sur del parque Juárez -la parte de atrás, hacia la calle de  Allende-, fue construido,  el Paseo del Ayuntamiento. En la parte central de este, pueden verse cuatro estatuas que representan a las virtudes cardinales: Fortaleza, Justicia, Prudencia y Templanza.

Las tres primeras se colocaron en 1931, mientras que la última se fijó en 1979.

Las cuatro estatuas originales fueron obra del escultor xalapeño Enrique Guerra. Las hizo en 1910 para adornar el Palacio de Relaciones Exteriores en la ciudad de México, pero no las pusieron por falta de espacio y las guardaron. Después fueron donadas tres de ellas a la ciudad de Xalapa: Fortaleza, Justicia y Prudencia -elaboradas en mármol de Carrara- y posteriormente se integró una copia de Templanza -hecha en mármol de Tlatila-, obra de Armando Zavaleta León, ya que la original se encuentra en Chapultepec cerca del monumento a los Niños Héroes en la ciudad de México. Cada escultura mide tres metros de altura.

Templanza, moderadora de apetitos y pasiones, está representada con la figura de un hombre que con sus manos sujeta a un brioso caballo.

 

Prudencia, caracterizada en la figura de una mujer que con la mano derecha jala la oreja de un sátiro (imagen del desorden y de la desvergüenza).

 

Fortaleza sostiene en sus manos un mazo y detrás de él, a la altura de su rodilla izquierda, destaca la cabeza de un león (emblema de la fuerza y del valor).

 

Por último, Justicia, representada por una figura femenina que sostiene en sus manos una espada de la que cuelgan unas cadenas a su costado izquierdo.

Los filósofos antiguos decían que las cuatro virtudes cardinales son las bisagras sobre las que oscila toda conducta. La palabra cardinal procede del latín cardo, que significa una “bisagra”. También se las llama “virtudes naturales”, es decir, virtudes reconocibles por la razón que tenemos naturalmente en nosotros, (las cuales resultan evidentes) a diferencia de las virtudes sobrenaturales o teológicas de la fe, esperanza y caridad, que requieren un “aprendizaje divino” o, por así decir, la inspiración del Yo Superior, para su reconocimiento y su práctica.

 

 

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